El antisistema.




Para los medios políticos se entiende por antisistema una persona u organizacion politica que está en contra del statu quo, contra la forma dominante de vivir, consumir y producir la sociedad. Habitualmente en los medios de prensa y medios de comunicación se condiciona una actividad tal de peyorativa o violenta, que usa los medios de fuerza y la agresividad en sus expresiones políticas para imponer sus verdades que no negocia. También se entiende por antisistema una forma de pensar que está en contra de la democracia liberal y que con medios alternativos de propaganda busca cambiar la realidad capitalista. Se presentan como una forma de vida antagonista que busca redimir a la sociedad hundida en la pobreza moral y alienación consumista. Aunque en sus orígenes ser antisistema fue dirigida a los movimientos de extrema derecha, en los últimos tiempos se etiqueta como antisistema a los grupos políticos que usan las reglas de la democracia representativa para destruirla y reemplazarla por una forma de vida comunalista y realmente democrática. No es un error decir, que en el Perú, ser antisistema es involucrarse con el radicalismo de izquierda, y un espíritu que expresa en sus formas de organización ética y social un resquemor con el individualismo burgués o las libertades civiles de la democracia liberal. En la heterogeneidad de organismos políticos se entiende por antisistema a identidades políticas tan variopintas como ecologistas, movimiento feminista, LGTBQ, antiglobalización, indigenismo, etc que comulgan con un desprecio con las formas sociales de propiedad privada y la razón occidental.


En los últimos procesos políticos internos se ha dividido a los antisistemas como fuerzas democratica moderadas y fuerzas radicales. Aunque difieren en su consideración hacia la democracia liberal ambas fuerzas coinciden en su antagonismo radical en contra del sistema criollo burgués extractivista como se ha comandado la república en el Perú. Autorizados por una supuesta autoridad moral para enjuiciar las representaciones coloniales e inmorales de nuestra democracia infiltran a las instituciones y organizaciones sociales para imponer narrativas y discursos de reacción con los cuales imponer una forma ultra de pensar. Han construido fábulas y discursos marketeros para hegemonizar el sentido común, transmitiendo una moral de violencia e intolerancia que ha polarizado y desintegrando la socialización política del país. No buscan ceder sus posiciones ideológicas ni discutirlas en el diálogo democrático, sino las convierten en consignas y pastorales radicales sus ambiciones políticas y la lucha cultural por el poder político. En golpes políticos blandos han conseguido infiltrar posiciones importantes en el Estado, burocratizando y obstruyendo la reproducción económica y empresarial de nuestro capitalismo interno. Su activismo político ha convencido a las rebeldias juveniles que la solidaridad orgánica de la lucha política es una forma de vida ética y participativa que busca la justicia y un gobierno social en bien del pueblo. Su populismo en las últimos experiencias gubernamentales y de Estado de América Latina han desactivado a la reproducción de la iniciativa privada de crear riqueza, mal acostumbrando mediante subsidios y un rol patriarcal del Estado  a las poblaciones e identidades políticas, lo que se traduce en desorden político y miseria productiva y económica. En el Perú, la izquierda ha hegemonizado a las culturas populares, Pero como aún no altera ni toma el poder político absoluto no ha conseguido destruir a la economía privada. La severa resistencia de las fuerzas conservadoras ha garantizado los fundamentos liberales en la conducción del Estado, y la economía. Fundamentos macroeconómicos y de micro economía como es la fuente ética de trabajo de los peruanos, que han resistido el odio de ideas económicas que consideran el trabajo y el emprendimiento como formas descaradas e inmorales de vivir en  la sociedad actual.

Ser un antisistema no es solo una forma de vida destructiva de la realidad, sino una forma alternativa de cambiar configuraciones injustas de dominio y abuso. Ahí donde hay injusticia y privilegios nefastos en contra del pueblo, ser antisistema es generar e innovar soluciones constructivas de cambio, intentado formar comunidades y experiencia reales de cambio. Su misión es constructiva y solidaria, dejando mostrar en el trabajo común una ética del trabajo que busca transformar la realidad o domesticar a las fuerzas del capital. No es una identidad que solo vive en la destrucción sin proponer nada real y práctico, sino un realismo y pragmatica comunitaria que se organiza para humanizar la vida económica, y así evadir el peligro de identidades oscuras que solo hallan en la violencia ideológica, intereses criminales de hacerse con el poder económico, e invadir la sociedad de economías ilegales, que solo traen destrucción y pobreza. Hoy tras supuestas propuestas de justicia y unión, se esconden intereses demenciales, monstruosideades y locura que solo ven arder el mundo y enriquecerse a costa del pueblo. Son expresiones de un mundo sin ética y de explotación desmedida, que han decidido no formar parte de ningún individualismo metodológico, y que en sus vidas mediocres buscan reproducir mafias y poderes locales donde subsiste el caos y la delincuencia. Quien no se halla responsable de si mismo, por lo general referencia una vida deshonesta y desarraigada, sin grandes victorias y alegría, con complejos e ignorancia que se expresan en ambiciones de poder sin esforzarse o ser admitidos en el sistema al cual odian. Su solidaridad es la expresión de una gran crueldad, y pobreza espiritual, la locura de ver arder el mundo por vivir en las clandestinidades del capitalismo. Personas que no tienen un propósito de vida, y que se vuelven una carga y problemas social para el Estado.

El dilema real no es solo la dación de un antisistema que busca destruirlo todo, sino que a la derecha se desarrolla también formas constructivas e irracionales de comprender el mundo. La emergencia de la izquierda y del socialismo del s XXI, han hecho reaccionar a las elites económicas y dejar en parentesis la democracia liberal. Han decidido interrumpir la democracia y las libertades civiles, porque ya no quieren hacerse cargo de su rol de clase dirigente, y ante el peligro y amenaza real de perderlo todo hallan en la tecnología y los efectos transhumantes de la ciencia una forma de distorsionar la vida humana, creando un apocalipsis, donde ellos son los únicos beneficiados. Al someter la democracia a los dictados de la economía, prosperan motivaciones belicistas y lecturas geopolíticas extremas que proyectan interrumpir la vida en la tierra. La amenaza real del cambio climático, el hambre y la guerra en la tierra, expresan la desestructuracion de la sociedad y así evitar que movimientos democraticos y liderazgos carismáticos reorienten la soberanía real hacia un control político del capitalismo. Por ellos hallan en la guerras y en los juegos del hambre las formas de evitar y refrescar su dominio, eliminando la demografia y las presiones populares en la muerte y la indigencia.

El hombre de la guerra, junto al incendiario de izquierda desprecian a las energías de la vida individual y temen la emergencia de los hombres mágicos, y el acendramiento de un gnosticismo que no vive en la necesidad o en el desmerecimiento religioso, sino en la espiritualidad política. El hallazgo del si mismo en tiempos de decadencia aun no es un reencuentro con la naturaleza y su panteísmo, pero ya en la búsqueda de lo auténtico y el sol interno, huyendo de la incertidumbre y la enfermedad consumista, se deja notar un salto cualitativo de conciencia. No es otro poder, sino el ensimismamiento para recrear la vida y reencantar la experiencia de los pueblos. Aún hay mucho dolor y locura política, Pero ya es un hecho que la víds en el mundo ya no obedece no se deja referencias por grandes relatos o ideologías que han traído caos y destrucción social. Ser individuo y buscarse es un fin en si mismo. Esto es una inteligencia cuasi religiosa aún, Pero se acumula como un grito de expansión y bienestar personal. El antisistema es ya un rezago o la expresión primitiva de una época desértica. Hoy el espíritu y la fuerza de la persona son la medicina para la cultura. Sus grandes sanadores ya están creciendo y pronto serán un contagio cultural y a la larga un cambio de sistema. Ser antisistema es imponer como forma de poder alternativo un espiritualismo que escape a la necesidad y a la vileza de las bajas inclinaciones.

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