Interculturalidad y tecnica.




Es difícil sostener que la fuerza de la razón no dejará de diluir o trastornar todo aquello que se resista como son los saberes subalternos. En las leyes peruanas existe un reconocimiento del derecho a existir de los pueblos indígenas. Pero no dice que la aventura de sobrevivir como naciones, en su cultura y tradiciones, es una regresión simbólica que no tiene más impacto que la despreparacion para la vida individual en la modernidad. Desde las universidades interculturales y la educación pública se intenta reconservar la cultura indígena, al precio de no robustecer el conocimiento técnico del educando; el urgente y necesario para movilizarse socialmente y obtener prosperidad económica. Me dirán que los pueblos indígenas no desean ser socavados por los saberes modernos, y que una suerte de autarquía cultural es la decisión de frenar el desarraigo y la rebeldía de sus juventudes. Pero lo cierto es que  los pueblos indígenas están sitiados por todas partes por la racionalidad moderna, y no queda más que ingresar como historias individuales en los circuitos del capitalismo. Ahora que las amenazas de las economias ilegales, que contaminan los ecosistemas y someten a las poblaciones rurales a los dictados de la explotación y la violencia, es más saltante una coexistencia organizada entre las comunidades y el Estado moderno. Para ello, es necesario desarrollar a los pueblos indígenas y hacerlos favorecedores de los parabienes del desarrollo y la cultura hegemónica.


Los pueblos indígenas saben que la modernidad individualista cambia todos los días sus matrices culturales, y que es necesario responder o adaptarse a los cambios incesantes. En esa aventura que es la razón, envían a su juventud a las principales ciudades a educarse, y aceptan la instauración del sector educativo cerca de sus complejos habitacionales. Es necesario para ellos dialogar y negociar su supervivencia con los saberes modernos, e intentar conservar la esencia de los poderes tradicionales. Pero se ven sobrepasados por las promesas y expectativas que despiertan en los jóvenes la cultura individual. Todos los años, por ejemplo, los apus Amazonicos reportan que los niños y jóvenes desaprenden sus hábitos naturales, y que su idiosincrasia es alterada por la desobediencia y la migración de sus habitantes. El comercio, la presencia de otras poblaciones en sus comunidades, y el sitio de la tecnología como es la plataforma de los celulares, desestructuran sin remedio la tradición comunal.

La naturaleza y su adaptación a ella sigue ahí perenne, a través de la agricultura, la pesca y actividad económica rural, Pero no deja de ser transformada por la influencia agresiva de la modernización. En los Andes el mandato generacional, y la influencia decisiva de la cultura citadina provocan el desarrollo de habitos perversos para el progreso material y biológico de sus pueblos. Los niños/as desde pequeños sin expuestos a las golosinas y a la cultura audiovisual e internet, lo que refiere un impacto negativo en el desarrollo de sus procesos cognitivos y salud en general. Lo que llaman cultura electronal potencian los horizontes de su cultura y entregan a los pueblos indígenas herramientas inmejorables para emprender y demostrar al mundo sus iniciativas colectivas e individuales. Es lo que llaman turismo vivo, a través de sus festividades, artesanias y saberes medicinales alternativos. La coexistencia de los pueblos indígenas con las colisiones modernas hace urgente un diálogo intercultural que permita la conservación de los ecosistemas culturales tradicionales, y las tecnologías oriundas. Es menester, como ya se está haciendo sofisticar un proceso educativo donde lo mejor de este encuentro cultural edifique saberes de fronteras que permitan el sosiego colectivo, Pero sobre todo la proyección inevitable de la experiencia personal. Y porque reafirmó este hecho ontologico. Porque la vida individual es el contexto donde las circunstancias culturales no deben ser un obstáculo para la felicidad y la realización personal, solo experimentada en la aventura de la búsqueda de si mismo. Y eso es algo que los pueblos Amazonicos y sobre todo andinos no entienden. Aún la hechura panteísta de la naturaleza mantiene arraigada a la personalidad en habitus retrogrados y prejuicios sincreticos que interfieren y desacreditan la promesa de la vida moderna. En la amazonia peruana este proceso es menor obstructivo, y se consigue la libertad del joven, que coexiste con la ciudad y sus tecnologías. Pero en el mundo andino, influido por el aplastante cristianismo y hace décadas por el poder ideológico de las ONGs existe un desprecio colectivo a los conocimientos técnicos y operaciones civilizadoras, lo que se traduce en un intercambio cultural severamente obstruido por la idiosincrasia comunal que mantiene en la pobreza y en el prejuicio indigenista a las juventudes y sus sueños.

No sé deja de reconocer que el capitalismo y el principio de conservación humana ha extendido el progreso de economías populares prósperas y sofisticadas, haciendo crecer ciudades y llevar el desarrollo. Pero estás alteraciones modernas no siguen una planificación donde se aperture una cultura democrática y participativa. Aún nuestra cultura individual, a pesar de los esfuerzos del sector educativo, sigue inundada por una visión patrimonialista y regresiva de lo que es la vida, con el consiguiente refuerzo de los estereotipos en contra de la cultura criolla elitista. Sostenido en un racismo invertido se ve a las ciudades más desarrolladas como espacios racionales poseedoras de una gran mezquindad económica y política. Y aunque esté verticalismo es cierto, los pueblos indígenas se han dejado invadir por una lógica asistencialista y dependentista, que expresa lo difícil que es para este país heterogéneo hallar en la experiencia individual un proceso autosuficiente o el honesto autodesarrollo. Lo que persiste son ecosistemas y contextos retrogrados que reproducen el poder de mafias y actores que viven medrando de las arcas del estado y de una cultura trasgresora, que echa a perder cualquier educación. Aún el peligro de la estupidez y la mediocridad tiene el poder de la educación pública y de los claustros universitarios. Y esto da forma a una caracterologia donde la persona puede destacar en lo económico y profesional, pero se siente separada de la plenitud y la felicidad.

La educación intercultural es el esfuerzo del sector educativo por el cual se busca el desarrollo del educando en el respeto de sus contextos culturales locales. Aunque se busca la suficiencia y reconservacion de las culturas comunales, la verdad es que los saberes atractivos de la modernidad generan un deseo de realización y libertad que pone en grave riesgo la sostenibilidad de la comuna. A parte de generar una migración inesperada, la educación intercultural intenta transmitir los conocimientos y capacidades del currículo educativo a contextos y situaciones problemas de la cultura oriunda. El resultado es la formación de subjetividad que migra y abandona el nicho cultural, descomponiendo los saberes ancestrales y reproduciendo un empoderamiento conflictivo que opta por el antagonismo y el disenso político. Encerrados en la defensa de sus tradiciones la culturas locales provocan liderazgos que se enfrentan al desencializmo de la modernidad, Pero en verdad  son la demostracion de un oculto descontento por no ser reconocido e incorporados en los medios de vida moderno. Aunque se detesta la cultura criolla de las ciudades, aún la educación no puede generar mentalidades autosuficientes que desprecien el racismo implícito de nuestra civilización peruana. Solo la prosperidad económica y la fuerza viva del emprendimiento generan una experiencia de autodesarrollo dónde la subjetividad halla éxito y realización personal. Pero está experiencia no está socializada y lo que prevalece es un antagonismo silente que muchas veces el odio de la ideología trastorna y lleva a niveles imponderables. Aún nuestra educación intercultural y el proceso educativo en general carece de la suficiente ambición pedagógica para transformar el conocimiento intercultural en técnica propia. Nuestros medios tecnológicos aún reproducen la conformación de una cultura trasgresora, y no son reapropiados en clave autóctona. La universidad peruana no transforma el saber técnico transferido en técnica y capitalismo autocentrado. Sostengo que la razón de ello es que las culturas locales y regionales aún viven confundidos en el esteticismo arcaico, en el barroco humanista, que dirige las energías de la creatividad hacia el arte diferente. El arielismo cultural que en otro artículo he discutido, es la causante de un conocimiento narcisista y esnobista donde prevalece la desobligacion y la vida sin esfuerzo.

Los rendimientos educativos en comprensión lectora y matemáticas, que dejan mucho que desear, son la prueba que la educación sigue capturada por educadores que no saben conectar cultura y vida cotidiana con procesos de abstracción. El niño/a no consigue hacer progresos cognitivos en relación a sus circunstancias culturales, lo que produce la ausencia formativa de una lógica deductiva y analítica que conecte y sirva para aprender otros saberes más complejos. El impacto creciente de la tecnología celular y electronal genera una personalidad que vive en el disfuerzo y en la impulsividad, lo cual dificulta el atractivo por la generación de pensamiento que resuelva problemas prácticos. Y si a ellos agregamos que la inteligencia artificial acelera procesos y sustituye a la inteligencia humana nos acercamos a la producción de recursos humanos inutiles que viven en la sociedad pero no son absorbidos por el trabajo técnico. La interculturalidad no solo debería ser un discurso de diálogo y conservación, sino el puente para la autosuficiencia personal donde se transmita el salto a la ciencia y al conocimiento digital. Pero esto ya no es solo gestión y voluntad política, sino sobre todo la búsqueda de una personalidad que sepa procesar sus emociones pero que además sepa navegar en los intersticios solitarios e infinitos de la invención tecnológica. Vivimos en el capitalismo, y tener una población educada en sus tradiciones Pero sin dar la espalda al mundo de la ciencia y la tecnología es crucial para generar certidumbre y bienestar social.  

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