
Desde los orígenes el homo sapiens ha tenido un terror a los espacios inhóspitos. Cuando empezó a usar la razón, se topo con que está no lo reafirmaba, no le daba certidumbre. Prefirió ante el caos de la naturaleza obtener sentido en la certeza de que había en lo desconocido una razón extraordinaria que explicaba y daba cobijo a sus enormes interrogantes existenciales. Algo debía explicar las regularidades del medio y el asombro ante su infinita realidad. Y esa certeza eran los Dioses, lo sagrado. Ese fue el momento en que el hombre abandonó su motivación racional y se entregó a un sentido más cómodo y superficial; un sentido que le daba equilibrio, Pero que lo predisponía ante el yugo de los que controlaban está narrativa religiosa. La solidez en creer en que todo lo que sucedia al hombre tenía una razón o justificacion divina otorgó a la naciente sociabilidad del hombre un fundamento para su desarrollo y supervivencia. Se abandonó la razón como explicación existencial, porque el miedo ante lo desconocido era tan aterrador e insoportable que era preferible no saber. Ese miedo, que en si es el miedo ante el accidente, ante la muerte, se convirtió en el fundamento que hizo posible el poder de los sacerdotes y guerreros. El hombre en su estado natural cedió su libertad ante los grandes poderes, para obtener a cambio seguridad y cuidado de su libertad individual y colectiva. La religión le dió justificación a la existencia y al mundo. A medida que la posición cognitiva del hombre se reafirmaba la religiosidad admitió la curiosidad y la reflexión, y así el conocimiento se abrió paso, pero de un modo lento en un espacio donde la violencia y la miseria bloqueaban el poder sugestivo de la razón.
Cuando los saberes de la antigüedad fueron destruidos por el monoteísmo religioso, se abandonó la justificación gnóstica de las culturas. El legado griego de la razón y de la ciencia fue desmantelado por una certeza ciega en una confesion sagrada, donde el desmerecimiento del mundo y de la vida se estableció como un pretexto de justificación existencial, en medio de la guerra, la violencia y la debacle de la herencia romana. El cristianismo motivo la formación de una cultura religiosa, donde la fe ciega en el ministerio de Cristo eclipsó la fuerza de la argumentación científica y racional. Durante todo la Edad media el hombre cedió su espacio en el mundo por un discurso que lo desfiguraba y lo mantenía en la ignorancia y el impensamiento. A medida que la recreación de los clásicos trajo para el renacimiento un principio de resentimiento de la filosofía y de la curiosidad científica, el mundo medieval entra en crisis con el consiguiente crisis de las confesiones religiosas. La guerras de religión entre la iglesia y las confesiones protestantes hicieron ingresar a la vida en una crisis de sentido, que no fue resuelta sino hasta la fundamentacion de la razón y el inicio del rol modelador del mundo de la ilustración y la metafísica moderna. La perdida de sosten en el discurso religioso, dió pase poco a poco a qué la libertad humana tuviera en la razón moderna un principio de justificacion de la realidad. El hombre y el mundo dejaron de verse como algo calamitoso y negativo, y como Kant confiaron en que la razón aplicada sobre el mundo, podían someter a la naturaleza a los deseos humanos.
Ambos principios o raíces desde donde surgió la civilización occidental: la confesión cristiano, y otra la tradición grecolatina, hoy entran en crisis ontológica debido sobre todo a que la fuerza modeladora del capitalismo está descomponiendo los cimientos tradicionales de la cultura y de los ecosistemas naturales. En una época de competencia y de salvaje producción técnica el hombre ya no haya seguridad en que en la razón o el cálculo instrumental le demarquen una seguridad en la acción. Incluso la seguridad del dinero y del poder social que el hace posible se tiñen de un solitario desarraigo que hace sentir que aún a pesar de que se actúa nada es seguro o está bajo nuestro control. La garantía de que al investigar y hallar evidencias de tiene claridad para imponer la voluntad, hace que nuestro conocimiento y nuestras destrezas nos entreguen predominio, Pero no seguridad y felicidad. El desarrollo de esa razón inesencial o instrumental de la que hablaba Max Horkheimer, basada en el cálculo y la cosificación hacen que el hombre sea objeto de explotación y se convierta como los demás instrumentos en un medio para fines interesados. El extrañamiento del mundo, la sensación que la vida no tiene sentido, la programación delirante de la técnica y la ferocidad de que la vida se envuelve en el constante accidente y caos, hacen que los hombres razonen Pero tengan dudas enormes para confiar su futuro y certezas culturales en la razón de los medios modernos.
Por eso el retorno de la devoción religiosa. Está no es solo producto del debilitamiento de la razón moderna o del fracaso de los sistemas educativos, sino que ante la incertidumbre la fe religiosa reingresa como ese arcaismo que dota de sentido y le da control a la acción individual y social. Ahí donde la razón retrocede porque está llena de corrupción y engaño, el arcaismo religioso de la fé, la creencia en uno mismo, le da al hombre un fundamento donde dejar de dudar y confiar ciegamente en que todo lo que emprendan tendra la seguridad de que se realice. La fe en Dios, o en cualquier manifestación sacra de la existencia encomienda nuestra integridad y nuestros deseos a qué la creencia por si sola los materialice. En esta época donde a falta de conocimiento o de información certera lo que se hace necesario es demostrar fortaleza y confianza, la fe para los ejércitos y poblaciones de desarraigados del mundo es un arma que permite el despegue del individuo, como tal vez el progreso desde cero. La razón retrocede como agente de sentido, porque está se reserva para los que consiguen mediarse en los entramados de la técnica,o porque la misma tecnología produce muchos abismos e ignorancia, entonces el motivo religioso retorna como aquella luz que guía y permite el despegue de la acción humana.
A pesar de la mitología religiosa y de la razón dadora de sentido, no se deja de percibir que todo lo que hacemos para prevalecer y acariciar la felicidad es inutil. No solo la pobreza o el hambre arrojan a millones a las fauces del accidente o el perecimiento, sino que la cultura de los pueblos se tiñe de oscuridad y de absurdidad, y estamos atrapados en una vida que pesa demasiado, donde nuestros pensamientos nos golpean a medida que logramos avanzar. La ilusión de control y los apegos a los que nos aferramos se desvanecen porque la ceguera personal en la que nos embarcamos, el viaje al que vamos en son de prevalecer y no morir, aniquilan nuestros proyectos más caros, y se da la sensación que razonando o creyendo no conseguimos nada. Solo, en la fe ciega, en el redescubrimiento del alma interna hoy en día se obtiene un propósito para la vida. La mayoría de personas le tienen a la soledad y el aislamiento, Pero solo consigo mismo el hombre es capaz de despertar sus significados internos, liberarse de las programaciónes exteriores, y arrojarse nuevamente al mundo para recrearlo de sentido. Ese ensimismamiento al que nos vemos forzados es o bien el odio a si mismo, la demostración de que no podemos amar, o el centro de pruebas sintientes para reconquistar el exterior y obtener felicidad y sentido auténticos. Hoy que mediante la tecnología la soledad y la autoexplotacion es un negocio, solo en el interior reside la conciencia de poder que hay que saber despertar. Aunque esto no es más que un cuento o una fantasía, es el único modo de escapar a la alienacion del sistema y llenar nuevamente al mundo de personalidad. No solo es la fe o la oración, sino resultado de un constante buscar adentro donde todo lo que aprendemos se carga de vida y sentido.
Los muros ontologicos que no permiten que el hombre de hoy entienda esto se expresan en que las personas y los pueblos viven en la constante necesidad y la autoexplotacion. Está tan cercada la vida del individuo y de las culturas populares de actividad, estimulos y fatiga crónica que es complicado que las personas crean en su mismos. El dominio técnico y el cinismo de la razón instrumental entregan al consumismo y al sinsentido de la vida a las personas, lo que hace difícil que el hombre vuelva a buscar en su interior. Y es tan colosal la programación y la destrucción de la sociedad y del hombre para evitar este salto de conciencia que se vuelve una hazaña de naturaleza existencial el hallarle un sentido a la existencia. Ideologías tan dispares como el liberalismo, el conservadurismo y el socialismo solo concentran el sentido del hombre en su mente individual, sin escarbar en una concepción gnóstica del mundo, porque el potencial de liberación sería extraordinario. Ser mágico es posible solo es para empezar una odisea de otorgarle energía a todo, y esto ya es un paso gigantesco. Pero el miedo a la soledad y a la muerte nos mantienen en la pobreza y la necesidad existencial. El yugo se acaba cuando lo interior lo vuelves un discurso de emancipación colectiva y eso es ya un legado de conciencia. Mientras el hombre siga atrapado por sus propios demonios no podra escapar a la pobreza y seguirá sin haberse atrevido a conocerse.
El capitalismo se esta eclipsando. Las raíces ontologicas - cristianismo y Grecia- que lo hicieron posible están en crisis y cada vez más personas no creen en ellas. No sé que saldrá de proceso de entropia sistémica dónde ni la razón ni la fe otorgan seguridad a los proyectos de los hombres. Tal vez está sea una crisis terminal, donde el tribalismo vuelva a apoderarse del mundo, y recaigamos en la barbarie. Es otra vez necesario educarse y mantener la fé en su mismo. Solo quién busca encuentra, y quizás tenga hambre de buscar adentro sin miedo y con mucha sed.
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