
Lo principal para movilizar las estructuras de un Estado nación es contar con apropiados estudios de la realidad que se pretende movilizar. Se dice que el país está sobre diagnosticado, y que a pesar de ello está sub ejecutado. Que la razón de porque a pesar de los recursos financieros el país no demuestra desarrollo social se debe a que es difícil de gestionar el edificio social. Y esto sucede porque la matriz de esos estudios parte desde un punto de vista errado para deducir las soluciones más sistemáticas. En el Perú existen serias investigaciones que demarcan una visión holística del Perú, Pero pocas son vinculantes o observadas como útiles porque las malas intenciones de sabotear el derrotero de nuestra civilización contaminan los fundamentos desde los cuales se opina sobre gobierno y sociedad. Una pésima visión de la realidad se vuelve hegemónica porque las fuerzas políticas no solo han capturado el poder del Estado, sino además controlan de modo falsificado como se construye el sentido común. Esa plataforma doctrinaria decide lo que se ve como real, cuando en realidad es parte de un trato de los políticos y sus lumbreras para desfigurar los caminos del desarrollo. Este muro gnoseologico lleva décadas distorsionando la reproducción de la vida cotidiana y orientando a los políticos y burocracia a fragmentar e interrumpir la integración de la nación. No podemos vernos como un sistema porque las fuerzas políticas e ideológicas que deberían conducirnos hacia el progreso de la maquinaria social se convierte en una camisa de fuerza que anarquiza la vida social.
No es tan superficial con decir que la responsabilidad es de la izquierda gramsciana que domina el sistema educativo, universidades y ONGs. Sino que además es culpa de los políticos de derecha que han cedido la soberanía de nuestra culturas a una pastoral consumista e individualista que ha facilitado la anomia de la cultura, y por lo tanto se ha continuado con un ethos criollo y trasgresor que nos mantiene en la desunión y en el atraso insolidario. Está nefasta polarización y los antagonismos pasadistas, muchas veces empeorados por el marketing político y la guerra psicológica, han generado una realidad donde todos nos sentimos despreciados y deprimidos por tanta incertidumbre. La realidad es un espacio histórico que no solo no ha sido atrapado por nuestra inteligencia, sino que se ha nutrido el discurso político de una narrativa que facilita el yugo de los grupos de poder y de sus oponentes. Al no haber verdaderos intelectuales, y al no haberse desarrollado una teoría sistémica del país, lo que ha cundido es un discurso básico de inquisición política que no sabe cómo gobernar y gerenciar lo que se dice conocer. Este velamiento de la realidad no es solo el muro que nos mantiene en la ceguera,

Si evaluamos que los resultados en la realidad subyacente son distorsionados, no albergamos ninguna duda que al nivel de la estructuracion del estado y de las organizaciones productivas son también un caos, y un impacto negativo sobre la cultura. El Estado no atrae a los mejores, no se ha estructurado para controlar, sino que además ante tantas intervenciones erradas sobre la realidad, lo que hace es promover el desgobierno y la no resolución de los problemas sociales que se dicen gerenciar. El estado peruano no mantiene el control soberano de lo que gobierna. Además de ello, está siendo sobrepasado por los dilemas estructurales que son su razón de ser, lo que quiere decir, que la arquitectura técnica y logística de las instituciones estatales no llegan a atrapar la realidad que previamente se desconoce. Ahí donde hay caos y desconocimiento lo que predomina es la aparición de enfermedades que desestructuran y vuelven ineficaz al Estado, lo que se traduce en descontento, pobreza y conflictos sociales. Una de estas enfermedades es la presencia de una burocracia corrupta o no corrupta que vuelve lento e indolente a la actividad política, todo porque se superponen acciones o simplemente se relentizan procesos, lo que quita legitimidad al gobierno y lo hace blanco de reclamos y sabotaje. La corrupción que hace torpe y lento al Estado le conviene que la sociedad siga en el atraso y en el caos, ya que hacer crecer al Estado e inundarlo de sobre regulaciones es el mejor modo para bloquear la proliferación de la iniciativa privada a la que consideran nefasta, y motivación para sus intereses particulares. Esa no gestión de los recursos en el Estado, a drede, para robarse los presupuestos es la razón que sectores como salud, educación e infraestructura se hallen en la edad de piedra, y que en plena era digital no haya un estado digital, más rápido y eficiente. Un estado sobre cargado, que cuenta con méritos profesionales disminuidos y que no tiene el control de la sociedad, se vuelve disfuncional y en un serio obstáculo para la reproducción de la vida cotidiana. En estos tiempos de desorganización y de severa crítica al modelo económico, el estado subnacional es la piedra en el zapato del Estado. No solo no existe suficiente capital humano descentralizado, sino que los cargos municipales y regionales son asaltados por el clientelaje politico que obstruyen las decisiones políticas y condenan a la remora el desarrollo social y económico.
La formación de la iniciativa privada deberia responder a una orden de sistema. En el Perú la modernidad económica no florece en relación a la construcción de un capitalismo organizado y diversificado. Es cierto que el estado peruano ha garantizado el florecimiento de la iniciativa privada, pero no ha sabido filtrar y poner reglas claras al mejor capital. Lo que ha existido es un lobysmo y un facilisimo para garantizar el desarrollo empresarial sin buscar una estructura económica y de división del trabajo que desarrolle el mercado interno y una idea global de economía interna. Sin espantar al capital, el estado ha dejado que se vulnere los derechos laborales y que se mantenga en la precariedad económica a los emprendimientos locales y nacionales, sin respetar una lógica de desarrollo sistémico. Está ausencia hace que el territorio y la economía no vayan de la mano, no solo porque la economía micro es como una pampa de informalidad, sino sobre todo porque el modo como se privilegia el capital en el Perú mantiene en la primarizacion a los esfuerzos de la clase trabajadora. Al no haber capital humano que mejore la productividad económica lo que existe es una economía que mantiene en el extractivismo a la cultura del trabajo; y eso es la razón de que no se cuente con una idea de sistema en la economía, y si de una forma fragmentaria que se arboriza Pero no expande la modernidad cultural.
La dificultad para gestionar el país a través del Estado nace de una estructura mal diseñada y que es hoy la razón de que la economía de mercado y la democracia liberal estén obstruidas por un estado capturado por mafias y doctrinas trasnochadas. Ante la cercanía del fenómeno del Niño, o de un destructivo sismo en Lima, se desvelaría lo sobre pasado que está la estructura estatal para gerencie con éxitos tanta destrucción. El Perú necesita reformas profundas de segunda generación para destrabar la producción de subjetividad económica de las cárceles políticas e ideológicas en que han puesto al trabajo humano. Por ahora lo que existe es la sensación que por ahora no se podrá reformar la estructura peruana, y eso ya es un desconcierto que nos puede sumir en la oscuridad de un estado fallido. La mezquindad política y el ideologismo que desea la miseria son las fuerzas que están listas para desmantelar la legitimidad del gobierno y ellos nos puede conducir a una crisis politica de enormes proporciones.
La incapacidad para gestionar la realidad cambiaría si se entendiera correctamente la realidad país. Y ellos nos debería conducir a soluciones reales. Sin embargo, esto no sucede pues estamos capturados por una sarta de hampones que atrofian el desarrollo humano y que han convertido este retroceso en un negocio llamado política.
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