Coyuntura política. Vacío de poder.
Actualmente vivimos un vacío de poder en el sistema político. El desgaste de la campaña política presidencial ha arrancado a las fuerzas políticas en disputa la legitimidad para representar válidamente el proceso político. La polarización política y el descredito en que ha caído la democracia liberal ha dado al gobierno fujimorista una validación tenue e inestable. A pesar que las fuerzas de izquierda se han dividido, y que el gobierno ha capitalizado un gabinete ministerial técnico y de consenso, se experimenta que el Estado y la economía están en piloto automático. El gobierno intenta demostrar el pésimo estado en que se hallan los servicios estatales, y comunicando la terrible gestión de los gobiernos anteriores, busca conseguir apoyo popular. Y aunque su popularidad es del 60% y comunica, se genera la sensación de un estancamiento político, y que el rumbo político aún está dubitativo y vulnerable. La opinión pública le ha dado su concurso, pero no el suficiente como para saber anunciar que la estructura del estado y la economía requiere reformas profundas, en las que está envuelto la reputación del fujimorismo y un punto de quiebre para el Perú.
Las descoordinaciónes en el seno del Gabinete ministerial y las benditas facultades delegativas que no terminan de cuajar en el ejecutivo para ser presentadas en el Congreso, demuestran un Estado caotizado y lento, donde la clase política no sabe gestionar o planificar el rumbo de la estructura social. Aunque los anuncios de Keiko Fujimori el 28 de Julio, y de Luis Galarreta días después en el Congreso buscan reordenar el Estado, el partido fujimorista no cuenta con los cuadros técnicos y políticos para gerenciar una geografía y sociedad tan complicada como la peruana. Accidentes como los deslizamientos en la panamericana sur entre los tramos Ático y Ocoña rebelan la lentitud y poca planificación de las autoridades para resolver problemas. Y más si está anunciada el impacto negativo sobre la economía y la población del fenómeno del Niño en los meses siguientes, recogen la sensación que el Estado está sobrepasado por la realidad peruana.
Los pregones de la oposición de izquierda para interpelar a tres ministros, y el desorden que significará el relevo de autoridades regionales y municipales en pleno desarrollo de la catástrofe climática le quitan piso al fujimorismo para ensayar cirugías profundas en el Estado y la economía. La oportunidad de Keiko para desaparecer a las fuerzas regresivas del populismo de izquierda pasan por demostrar gestión maxima ante los desastres del Niño, y recuperar la economía. El ministerio de Economía a cargo de Elmer Cuba es el sector que más puja por destrabar los proyectos de inversión y reestructurar el Estado, Pero las dudas se sienten en el fujimorismo y esto le puede restar la oportunidad al país de crecer más y reducir la pobreza. Las expectativas en la población están intactas y el nivel de aceleración de la opinión pública están lo suficientemente encrispadas como para no esperar más.
La crisis de seguridad que vive el país, sobre todo las principales ciudades de la costa ha bloqueado la paz necesaria para la reproducción de la vida social y comercial. Se castiga el consumo y a las clases medias, y esto llena a las calles de violencia y de exclusión social. Los movimientos del gobierno para combatir la delincuencia con generación de empleo formal y desarrollo empresarial, necesitan ciudades seguras y eficientes. Las severas reformas políticas y económicas que embandera el gobierno requieren a su vez que el poder judicial y las fiscalías funcionen y trabajen en coordinación con una policía y fuerzas de seguridad que combaten la delincuencia. Pacificar al país le daría al fujimorismo la legitimidad suficiente para sistematizar la economía y fortalecer los mercados, y así evitar en cinco años las amenazas de las izquierda radicales. Pero en este sector así como en las demás tímidas acciones del gobierno se deja respirar un miedo a gobernar, por la respuestas de los reclamos y los conflictos sociales, sobre todo en las regiones.
El gobierno necesita tender redes con elementos de la oposición para imponer gobernabilidad y autoridad en sus políticas de estado. Y ante la novedad de las fuerzas políticas de izquierda que no responden a un sistema de partidos organizados, es viable pensar que se conseguirán aliados y consensos para enrumbar la política de estado del fujimorismo. Aunque se demarquen ideológicos y consecuentes, todo político calcula y negocia espacios de poder para su clientela de intereses y expandir influencia. A pesar de la actitud obstruccionista de la izquierda como JP y Ahora nación, es valido observar que todo político responde a intereses de facccion y eso hace posible la negociación y el equilibrio en el poder.
Por otro lado, si el Gobierno no sale de este vacío de poder, que se expresa también en vacío jurídico, puede recaer en la vieja política prebendataria y patrimonial. En su desesperación por sobrevivir ante no haber demostrado gestión política se aliaria con los viejos poderes mafiosos, renunciando a las reformas drásticas que la nación necesita, lo que lo haría un fiasco, y una señal clara que el fujimorismo es más de lo mismo. El pago de favores y la clientela en los poderes del estado decepcionaría a la sociedad peruana lo que se traduciría en reclamos y descontento. Se alimenta en su fracaso escenarios de destituciones y vacancias. Si Keiko no sabe sortear la crisis del Niño, y los problemas de seguridad y corrupción, no podra avanzar hacia cirugías radicales. El Perú necesita abandonar la economía extractivista y avanzar de una economía de ingresos medios, hacia una economía con más motores productivos y diversificación . Pero para ellos se necesita visión y astucia, y por ahora el gobierno no empieza a caminar. Esperemos que en base a de decretos de urgencia y legislar en tiempos de crisis dote al gobierno de la suficiente legitimidad para destrabar nuestro capitalismo y buscar el buenestar de la clase trabajadora. Así los fantasmas de la dictadura y de que se administra para los ricos, caerán en el descredito y el fujimorismo saldrá robustecido, y con el democracia liberal.
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