Narracion de una tragedia.
La culpaba de la muerte de su hijo varón de cinco años. A pesar que su pequeño murió de un cuadro severo de leucemia, La culpaba porque no había demostrado el corazón para atender a su hijo enfermo. Siempre que su esposa Virginia llegaba a dejarle su almuerzo y venía acompañada de sus hijas, la trataba como cualquier cosa, y la botaba de la tienda de calzado donde el, Alberto, era administrador principal.
Ellos se habían conocido en su adolescencia en Barrios Altos. El era solo un amigo muy gracioso y soñador, y ella era una reina de belleza, la mas bella en la cuadra. Cuando terminaron el colegio estatal, las urgencias del hogar los hicieron ser vendedores de calzado. En ese tiempo eran solo unos jóvenes amigos. Lograron por un tarjetazo ingresar a trabajar a las tiendas Diamante, y pronto su pericia para ganarse a la clientela empezaron a ganar dinero, y salir más juntos como amigos. Virginia era muy bella y codiciada por caballeros que rondaban ese ambiente comercial del centro de Lima. Pero no era una irresponsable y coqueta, sino una damita que sabía de la responsabilidad con sus hermanos y padre, y todo su salario fue para acrecentar la calidad de vida de su familia. Alberto también era un joven responsable, con sueños y ambiciones. Quería ahorrar lo suficiente para tener su casa y formar una familia con una buena mujer. Pero le gustaba las fiestas y un poco demás la cerveza con los amigos. Nunca descuidaba sus ahorros, Pero le gustaba tomar con sus amigos de trabajo, y así otras tentaciones surgieron.
Cuando ingresaron a las tiendas Diamante Virginia fue comisionada a Miraflores no solo por sus habilidades para la venta, sino sobre todo porque su presencia atraía la clientela y eso era una estrategia de venta. En esos años Diamante, había reclutado a las chicas más lindas de todo Lima para trabajo, y entre ellas Virginia, la tímida damita, era la que mejor destacaba. Alberto también era un locuaz vendedor y pronto debido a sus mañas para la venta le dieron la jefatura de una de las tiendas del jirón Huallaga en el centro de Lima. El era un jefe verde con los vendedores, quería disciplina y que las ventas fueran las mejores. A veces chocaba con los vendedores por su obsesión por la venta, pero en si era un hombre honrado que quería destacar y ganar más dinero. El también tenía a su madrecita en Barrios Altos que su única familia. Los valores transmitidos por su madre ancianita, lo combinaban a sobresalir y querer tener su propio hogar.
Cuando cambiaron a Virginia para la tienda de Alberto, la chispa del cariño que este sentía por ella nuevamente se volvió a activar. No sé habían visto más que en varios meses, no sé habían cruzado en el barrio. Cuando Alberto volvió a verla, sus intenciones de echar raíces, se posaron en Virginia, así que empezó a demostrar un trato especial con Virginia. Para ella Alberto era solo su jefe, Pero cuando sus compañeras de trabajo le advirtieron de las muestras de lisonja que tenía su jefe con ella, la curiosidad y el pensamiento de que se trataba de un buen hombre, le sembraron en la mente que era hora de tener algo serio con un caballero y porque no formar un hogar. La experiencia de estar juntos vendiendo y cuadrar caja hasta la noche juntos, avivaron la llama de un sutil afecto, que una noche en soledad culmino en un sensible beso y una promesa de amor eterno. Esos eran tiempos en que las parejas se comprometían para siempre, y no como hoy con amores fugaces y vacios.
Un año paso para que se casarán. Compartir tantas horas y luego en salsodromos y bares con los amigos hizo que la atracción juvenil se convirtiera en una convivencia amorosa, lo que implicaba ya vivir juntos. Alberto y Virginia ya casados, compraron una casa en Barrios Altos para no estar tan lejos de sus familiares, y pronto ella quedó embarazada. Ambos al saber la noticia inesperada los contagio de una alegría y compromisos de amor cada vez más sólidos. El bebé nació sano y le llamaron Camilo. Era un guagua muy robusto y rosadito, que era muy inquieto y comelón. Un tiempo prudencial de descanso médico, hizo que la madrecita de Alberto viniera todos los días a ayudar en la crianza del recién nacido, pues Virginia no deseaba perder su trabajo. Pero Alberto ganaba buenas comisiones y insistió en que dejara de trabajar por lo delicado de la crianza de su bebé Camilo. Pasaron tres años de engreimientos y cuidados someros, llenos de momentos de algarabía. Cuando nadie lo esperaba Virginia salió nuevamente embarazada de dos mellizas. Cuando nacieron eran dos estrellas que iluminaban con su vida todos los rincones sagrados de su hogar. Alberto no descuidaba sus labores de administrador y se daba el tiempo para viajar con su familia y tomarse fotos en casa paisaje vivaz que hallaban. Ellos eran inmortales y se se rían plenos y repletos de fortaleza y vigor.
Cuando paso un año más, en un chequeo rutinario a su familia, descubrieron en el organismo de Camilo un comportamiento extraño de su sangre. Hicieron una biopsia y confirmaron que se trataba de una leucemia severa. Lo que era una atmósfera de felicidad y paz, se convirtió en una sensación de fatalidad y dolor. Ambos eran muy jóvenes, y no tenían la suficiente fortaleza para afrontar una enfermedad que se llevó en un año más a la pobrecita criatura, a pesar que la unidad de la familia y de que los recursos financieros jamás faltaron.
Alberto se dió a la bebida. Virginia intento no perder la cordura por la muerte de su pequeño hijo, y vigilaba para que la fuerza de Alberto no se perdiera en la bebida y en las malas influencias. Cada vez que llegaba a la tienda en el centro llegaba con sus mellizas y la madre de Alberto, era maltratada a gritos e improperios por parte de Alberto, que se mostraba agresivo y embriagado en horas de trabajo. Virginia entraba en llanto, y no le parecía justo que fuera culpada por la muerte de Camilo. Ella si entro en desesperación y debilidad era porque no entendía cómo una criatura tuviera que pasar por una enfermedad tan cruel. A pesar de sus oraciones y los cuidados médicos tuvo que ver como el cuerpecito de su hijo, perdía vigor y fuerzas, y se volvía en una expresión doliente de la muerte. Se quejo ante Dios, Pero tenía otras dos hijas por las que tenía que seguir, y tenía que rescatar a su marido de la tristeza y la bebida. Al ser maltratada por Alberto se le rompió el corazón, Pero se mantenía en ella una fuerza de corazón para no volverse loca, y no transmitir a sus pequeñas de su dolor y negatividad.
Una noche Alberto se puso a beber con sus compañeros con la tienda cerrada. Mientras todo era música y algarabía, Alberto se durmió. Los compañeros, que sean nuevos reclutas en la empresa, saquearon toda la caja, y desaparecieron de la escena. Al despertar en la mañana Alberto, no lo pudo contener. La muerte de su hijo, y la vergüenza de que lo tildaran de ladrón o un mal hombre, lo empujan a que se echara sobre una custer y perdiera la vida en el acto. Mientras agonizaba la figura de su Camilo jugando le sonrió, y el también sonrió mientras entregaba la vida al creador.
Virginia supo de la tragedia. Perdio a su compÑero de vida, lo enterro y lo lloro, y sabiendo que tenía que ser fuerte por sus hijas, decidió vender su casa en Barrios Altos, hacerse del buen dinero de su marido y de ella y viajar a España a empezar todo de nuevo. Aunque el recuerdo de Alberto la desgarraba decidió cerran su corazón y dárselo todo a la crianza de sus mellizas, que crecian en cada año en belleza y vigor. Lejos de su tierra y de los rincones de su alegría y de su dolor empezó un pequeño negocio y próspero. El tiempo se encargo de colocar todo en su lugar.

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