A mi padre Ricardo
Con tus sarcasmos y juegos
Adormecias a la clientela hambrienta
En eso de ser padre tuviste valor
Para darnos leyes y sueños.
Con tus bigotes mexicanos
Conquistaste a las huellas más finas.
Entre renglones de plebeyos
Supiste ser el mejor y coquetear
Ahí entre balas y riesgos dolosos
Tu nunca perdias el humor y las ganas
Todo era un carnaval para ti viejo
Ese fue tu legado reír a pesar de todo.
Las letras llegaron a mis ojos
Porque tú me atropellastes de enciclopedias
Soy un escritor clandestino y silente
Porque tus quijotes llegaron de tus brazos
Fuiste el mejor vendedor de calzados
Y yo veía en mi niñez cegada
Cómo los zapatos salían como el pan
Una fuerza que tus nos contagiaste.
Reconozco que no sabías mucho de todo
Pero tú trabajo fue tu mejor cariño.
Nada me faltó. Ahora tu ejemplo
Lo siguen mis hermanos y su fuerza
Llegaste a Lima con ilusiones y perdido
Y cuando tuviste que luchar por el pan
Ferocidad y optimismo salieron de tus manos.
Hiciste reir a mi madre y se casaron.
Se que no te tenía paciencia
Por lo básico que eras.
Nunca me diste un consejo sabio
Pero tú empeño me enseñó el amor
Que me tenías.
No esperaba tu partida
No te dije muchas cosas, ni te honre
Y me dolió verte luchando por la vida
Y que la tierra te engullera.
Que impotencia sentí al verte morir
Y dejar tu vida al amparo de pesimos médicos
Ahora tus fantasmas y tus juegos
Recorren mi mente doliente en casa rincón
No te pude dar un nieto
Y no despierto de la oscuridad.
En tu fertro te prometí volar
Y que tú fuerza angelical nos cuide para siempre.
Tu fuiste una fuerza de la naturaleza
Que tuvo miedo de crecer
Pero se que luchaste toda tu vida
Por no morir en la mediocridad.
Ahora que no estás, te rezo en el día
Para que nos cuides y me des empeño.
Tu ya nunca mueres en mi mente.
Te honrare con mis experimentos de escritor.
Adiós viejo. Todo tiempo pasado fue mejor

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