Bullying. La semilla del mal.
El caso de agresión sexual de un menor de 15 años, por sus compañeros de clase del Colegio Liceo Naval "Almirante Guise" el martes 15 de septiembre devela una cruda realidad que atraviesa a la juventud que estamos criando. Los marcos institucionales de primer orden, como son la familia, la escuela y el grupo de pares, al descomponerse, víctimas de las tormentas de la modernidad y ante el avance de la tecnología, generan que la socialización de nuestros jóvenes sufran de desarraigo, impulsividad, y violencia. A pesar que el hecho narrado corresponde a adolescentes de entre 15 y 16 años de familias con recursos para formar mejor a sus miembros más jóvenes, lo que sucedió en el bus, luego de que el joven agredido fallara un penal, demuestran que la sociedad está creando criminales y desadaptados sin ningún respeto por la autoridad y las normas sociales.
Está realidad de los escolares agredidos y abusados en un ambiente donde se debería respirar aprendizaje y compañerismo, está presente hace años en el sistema educativo como una práctica social que para los jóvenes resulta un juego. Todos hemos sido en la escuela víctimas de algún apodo o ser objeto del escarnio público ante alguna torpeza o payasada, pero los niveles de crueldad a los que se está llegando solo por el placer de ejercer daño y maltratos psicológicos, que resultan una diversión macabra, rebelan el impacto desmoralizador y negativo que vienen arrastrando las tecnologías de la información, las redes sociales y el internet.
Lo que nos conecta y facilita la comunicación en tiempo real, de formas inesperadas promueve a su vez una personalidad aislada y pulsional que reacciona no con sensatez y respeto por la sociedad, sino destruyendo al prójimo. El uso irresponsable de las libertades para degradarse con la violencia y los vicios infectan a la escuela publica, porque ahí donde se practica para ser un hombre o mujer autosuficiente se incuban deformaciones represivas y psicológicas, que ven en la violencia una forma demencial de obtener placer o emociones fuertes.
Y que podemos decir del agredido? Cómo superará el hecho de que ahí donde debe hallar regocijo y amistad solo encontró maltratos y maldad? El caso de los abusados, no solo este adolescente, sino sobre todo mujeres y menores de edad, en la escuela como en casi todo ámbito de la sociedad es un hecho que nos hace cuestionar el severo divorcio entre los deseos y expectativas de los jóvenes y una realidad producida que no ofrece oportunidades para su realización. En si, la reacción y la violencia nos habla de una persona que ha sido abandonada por sus instituciones, y que se las arregla para corromper y medrar al sistema en el que todos luchamos por vivir. La juventud, que se separa de lo que el sistema productivo y sus marcos socializadores pueden ofrecerle halla en las pulsiones y los vicios, como las drogas, la pornografia y la delincuencia organizada distorsionados caminos y rutas ilegales para vivir una vida facil y sin obligaciones morales.
Personas que se deforman en el robo o en los rituales de violencia física y sexual, o que sencillamente viven de sus padres sobre protectores o de familias donde su vida no importa, hallan en las alteraciones tribales una salida informal y trasgresora que les otorga sentido y emociones irracionales. Una vida sin regulaciones y sin ejemplos morales solo halla en el disfuerzo y la irresponsabilidad tentativas para no comprometerse con nada ni con nadie. Con su egoísmo y depravacion demuestran el fracaso del sistema social para incorporar seres que ofrezcan creatividad y trabajo social y comunitario.
Los hogares desde los cuales proceden estos jóvenes son ámbitos sin control o respeto por hábitos morales. Ante el impacto de la tecnología y de las tentaciones pulsionales estos padres no imponen límites o reglas de respeto y sociabilidad, sino que otorgan demasiada libertad y poder que ciertamente reemplazan momentos de convivencia familiar y formación moral. La escuela publica ante su misión de socializar para la vida adulta, no puede corregir por si sola lo que familias disfuncionales o grupo de pares provocan en la mente del adolescente. Muchas veces padres sin ninguna vocación de formadores de la conciencia de sus hijos, arrojan a niños y jóvenes maltratados al sistema educativo para que el aprendizaje y los docentes arreglen las conductas insociables de sus hijos. Es urgente volver a comprometer a los padres en la educación de sus hijos.
Por que estás prácticas de bullying son una expresión del fracaso de la razón para modelar la conciencia de las sociedades. Y la prueba de que la sociedad debe defenderse del impacto negativo y disgregador de la ciencia y la tecnología, dirigida solo para alimentar malos habitos y costumbres enfermizas. El sistema educativo debe estar preparado para lograr modelar conductas que se divorcian instintivamente de la comunidad, y volver a convocar a los jóvenes con el destino y progreso de sus culturas. Sin embargo, la educación debe anticiparse y prevenir con el conocimiento informado a los impactos esquizofrénicos de la racionalidad técnica, que hasta ahora forma a las civilizaciones en la ignorancia y la indigencia.
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