sábado, 31 de diciembre de 2022

El empoderamiento y el Peru.





Concepto confeccionado en los centros de poder, sin embargo muy bien reapropiado por las culturas populares de América Latina. De una economía de subsistencia, a empresarios pujantes y resilientes, este concepto es usado para todas aquellas individualidades que tienen ante la adversidad y los altibajos las suficiente valentía e ingenio para adaptarse al ritmo frenético del capitalismo. No se trata de una inclinación consciente con las infrahumanas condiciones del trabajo, sino una particular ética del trabajo que hace riqueza y empleo prácticamente desde condiciones complejas y empobrecidas.

Solo el empoderamiento es una categoría practica que se sustenta en la reafirmacion personal de la subjetividad. Para que se geste y funciona en el hombre o mujer deben aprender a estar solos y a aprender que aquella persona que no se quiere a sí misma no cuenta con la fortaleza para rehacerse y adaptarse en el mercado del fracaso y del levantarse de la nada. Sólo en la madurez práctica la subjetividad es la piedra angular de una sabiduría de la creatividad que no requiere ni espera que las circunstancias exteriores decidan pot ellos. La época aprendido que el precio de la libertad es una soledad asfixiante, sin la que las grandes ideas y los grandes negocios son imposibles. Nadie asegura la felicidad, sino la supervivencia de un plan de vida que nace de una fuerte misántropia. El éxito económico no asegura la felicidad, pero si la construcción de un orgullo y prevalencia pot luchar por reconocimiento y respeto en la vida. Hay que hacerse valer en el hacer antes que en el sueño de ideologías distorsionadas.

Pero la soledad es solo un periido de reforzamiento para creer y confiar en los afectos de nuevas personas. Sino se comparte la vida con un otro solitario, la acumulación de energía y de experiencia es solo ego empobrecido e insulso. El amor es el accidente reservado para los solitarios. Pero a veces las personas no son modeladas por luchas de éxito y trabajo bien ganados,  sino que siguen un patrón de inmadurez ocultado pot la soberbia y la eficiencia. A nadie le gusta creer en la gracia del afecto, ahí donde la persona a descuidado su propio desarrollo emocional. Se podría hasta decirse que nunca la persona alcanza la firmeza y madurez necesaria para hacerse cargo de la responsabilidad de amar.

Por eso la ausencia de un gran recorrido y empoderamiento de la vida es solo la condición de la supervivencia más no de la plenitud del goce espiritual. Las personas no aprenden que la soledad es en sí no el espantoso silencio y vacío  sino sobre todo la búsqueda de las riquezas de la interioridad. Aunque esto se abre paso lentamente con la inserción en el mundo moderno es aún un gran esfuerzo para los individuos atomizados el buscar dentro de sí mismos. La supervivencia no deja buscar el sol interno de nuestra vivencia temporal. Por lo general se consiguen elevados estados de conciencia ahí donde la mente no tiene la suficiente fuerza para construirse una vida de significado y se enferma. Donde el dolor acaece, y el sufrimiento de la enfermedad destruyen conciencias vulnerables perdura una tesitencua al cambio  que puede dar paso a una psique elevada. Suele ser difícil el fracaso, pero sin la pérdida y el dolot a veces jamás se aprende a ser maduro y con carácter.

La violencia con la cual el autodominio reprime lo que la vida busca con urgencia  es la razón que la ética del trabajo y la racionalidad no logre conformar intersubjetividades con armonía. La cruel e histórica abstinencia que es el fundamento de la civilización no permite que la planificación de una vida o sólo una vida que prevalece es la razón de que no se logre más que practicar para ser persona y pocos logren ser libres de las circunstancias que el miedo ha creado por encima de la voluntad.  Por eso hoy lo que llaman empoderamiento individual sea en realidad temor a realizarse en el amor, y que no pase de ser temple para no fracasar en lo que se emprende. La auticonservacion de la que se precian las almas luchadoras es en realidad la negación de la propia fuerza para reconocerse en los afectos de las personas. Sino se entiende que el poder de la persona debe derramarse en la socualizacion y vivir en la armonía del amor, jamás se podrá experimentar las proezas de una vida enriquecida por la evolución.

Si la persona no se rehace a sí misma del fracaso en la búsqueda de un propósito de vida por lo general se desorganiza y continúa inmaduro. Sin aspiraciones la persona solo transitan sin valor por la vida. Pero con ambiciones la persona puede autodestruirde sino logra lo que sueña, y eso lo enceguece ante su propio sufrimiento. Pero a veces y con mucha fuerza la vida es tan ingrata que solo sobrevivir no deja tiempo para el desarrollo personal o para el amor. Por eso el miedo al afecto de las personas, ya que en ellos se exhiben los defectos de la persona y con ella acaece la desilusión. No hay tiempo para hacerse un proyecto de vida exitoso. Lo que llaman empoderamiento es el ocultamiento de la desolación y la insignificancia. Pero además de ello,  el caminar hacia adelante y construir en las ruinas de la propia vida un quehacer constructivo y lleno de sentido. Sólo aquellos que edifican a partir de su propia miseria son capaces de entender que es la madurez y  que las circunstancias no agotan la creatividad de la vida. Sin la necesidad de progresar sólo existen esclavos.

Hasta aquí. El Estado y el capitalismo construyen las condiciones donde los sujetos son libres para crear y crecer. Y no estructuras para ser subsidiados o ser personas dependientes. El capital coloniza el mundo de la vida para despertar el yugo  pero a la vez la innovación. Pero solo el justo mercado acontece ahí donde el Estado se asegura de que hayan iguales oportunidades para todos,  aunque los caminos terminen desiguales. En países como Perú el Estado no cumple su función de reeducar y potenciar a la cultura en razones de mercado. Y eso hace que la generación de la riqueza no se da respetando un plan de país. Sino bajo un cruel elitismo que es frágil ante el empoderamiento político y cultural que las redes y las fuentes de información permiten crecer como odio y resentimiento. Aún existe en nuestro país un fuerte ética de trabajo que busca el reconocimiento étnico de las identidades populares  pero al precio de un fuerte rechazo criollo de sus aspiraciones culturales más profundas. El salir adelante, no asegura aún una sociedad democratizada  pero si garantiza el orgullo de pensadores prácticos que se hacen desde las peores condiciones. Si no existiera una fuerte ética del trabajo desde abajo, y el mandato generacional de estudiar sería muy difícil evitar una sociedad de dependientes emocionales y de culturas colonizados. Nuestra cultura posee aún la suficiente plasticidad para conquistar lo que se proponga, a pesar de lo mal que se ponga la política y sus instituciones. 

También el empoderamiento ha sido desperdigado por instituciones y ONGs para constituir liderazgos políticos en Lima y provincias que sepan cuales son sus derechos y como recurrir a la protesta para reclamarlo cuando la ausencia del Estado ha cohibido el desarrollo de estos pueblos. El problema con este adiestramiento es que no va acompañado de muchas veces de sistema educativo y de honestidad y se convierte en un activismo maledicente para extorsionar y obligar a los actores privados y estatales para exigir cualquier tipo de sandez o algo innegociable. 

También este concepto ha sido usado muy frecuentemente por las luchas feministas. Y el movimiento LGTB. En este caso el empoderamiento no es sólo una actitud de firmeza ante los abusos, discriminación  y la violencia donestica, sino una propiedad política para cambiar los entramados patriarcales y redundar una cultura más tolerante al desarrollo de las mujeres en cualquier actividad que desarrollen. El problema que se percibe es que este empoderamiento es muchas veces imposición político cultural, bajo el pretexto de que la violencia simbólica de las masculinidad no deja espacio para el desarrollo frontal de las minorías y de la mujer. Al no debatirse con los hombres estos empoderamientos refuerzan las soledades y la división, provocando comportamientos sociales distorsionados e ideologuzados. 

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